‘NO ES UN ADIÓS SINO HASTA PRONTO, SIEMPRE ESTARÁS CON NOSOTROS’

Hasta nuestra redacción ha llegado este escrito de N.H.D. DAVID JIMÉNEZ GARCÍA, que fuera ya publicado en un diario de nuestra ciudad en días pasados y que, dado su hermoso contenido, insertamos en este Boletín Informativo de nuestra corporación:

JULIO JIMÉNEZ SOTO: persona buena, sencilla, humilde, cariñosa, amigos de sus amigos, leal, competente y sobre todo un buen padre y un buen marido. Sé que faltan muchísimos adjetivos que pudiera decir de él, pero sé que todos sabíamos cómo era Julio. Te fuiste Julio y nos dejaste aquí en este mundo tan injusto, y digo injusto porque la primera injusticia fue la llamada que recibiste para irte al reino de los cielos, en el cuál entrarás por la puerta grande como lo hizo Cristo Rey en su entrada triunfal en Jerusalén, tienes un corazón que no te cabe en el pecho. Y yo me pregunto: ¿quién te llamó? ¿sería el abuelo? ¿o quizás mamá? o ¿quizás tu hermano Paco que tanto te quería? Sabes de sobra que tu hermano te dejó el cariño de todos tus sobrinos, en especial de Javier que tanto querías, y que tantos momentos dulces habéis pasado juntos no sólo en la Hermandad sino también fuera de ella, dejaste un enorme vacío en su corazón, y no sólo en el suyo sino en el de tus familiares, compañeros de trabajo, amigos, y a esas pesonas de la Hermandad que tanto te aprecian y hablo en presente porque sé que estás entre nosotros, pero el gran vacío lo dejaste en tu mujer y en tu hija. Sé que ellas son muchísimo más fuerte que tú, por eso las dejastes, porque no tendrías fuerza para seguir adelante si hubiera sido al revés, pero bién sabes que ellas si la tienen, lo harán poco a poco, pero a la vez sintiéndose orgullosas de haber compartido tantos y tantos años juntos, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad todos los días de tu vida y sobre todo de haber tenido un padre y un marido ejemplar. Quizás ésta sea la persona que todos nos deberíamos reflejar en él. Él se reflejó en su padre y en su hermano y todos deberíamos mirarnos al espejo y que cada vez que lo mirásemos veamos la cara de Julio. Porque para todos eres una persona digna de admirar, persona que con solo mirarte a la cara ya sabíamos la ternura, la dulzura y la bondad que llevabas dentro de ti. La verdad es que tengo tantas cosas que decir que me he quedado sin palabras, sólo puedo secarme las lágrimas que se me han ido cayendo mientras escribía estas líneas, lágrimas que no son comparables con las de tu mujer y tu hija porque quizás no sean las perlas refulgentes que llora la Virgen de la Estrella, pero son las lágrimas de gozo por tenerte como padre y como marido. HASTA PRONTO TÍO JULIO. NUNCA TE OLVIDAREMOS. TE QUIERE TU SOBRINO.”

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